Desde nuestros orígenes, somos una raza que destruye y consume. No es una novedad, por ende, que a día de hoy estemos arrasando con lo poco que nos queda de tierra.

El ser humano contemporáneo carece de conciencia con el medio ambiente puesto que no se remonta a aquellos tiempos de piedra y madera, donde produjo cambios radicales en sus entornos sin realmente pretenderlo. Así como bien afirmó Harari, es imposible que se comprenda el daño que le estamos haciendo a la dadivosa madre naturaleza sino estamos conscientes del titánico historial de antecedentes que nos clasifica como el animal más destructivo que existe en el planeta tierra.
Según los humanistas y defensores modernos, no debería de ser moralmente adecuado echarle la culpa del desequilibrio terráqueo al Homo Sapiens. Mas se les olvida que tanto el conjunto de morales que rigen día a día, así como todas sus creencias, son construcciones sociales que su cultura les inculcó desde que el ser humano se situó sobre el podio dejando de lado al mundo.

Es un hecho que existen factores que estimulan a la creación de múltiples teorías con respecto a la desaparición de tantos animales: explicaciones que tal vez atisben con arreglar nuestra imagen como raza.
Una de éstas lo intenta afirmando que susodichas desapariciones sucedían por las variaciones naturales de la tierra: el clima, los terremotos, las erupciones volcánicas… Sin embargo, los antropólogos e historiadores siempre trabajan con lo que tienen sobre la mesa. Miles de especies como la del diprotodonte, la tortuga o el canguro gigante desaparecieron desde la llegada del Homo Sapiens, tras vivir más de 20,000 años en Australia.
A lo largo de la historia, se ha evidenciado el masivo daño que le hemos causado al ecosistema terrestre y lo poco afectado que se ha visto el marino: por eso, este último conserva la mayoría de su biodiversidad y justifica la teoría donde el homo sapiens es en efecto el antagonista responsable de muchas extinciones en la tierra. Tanto es así, que hasta existen compilaciones de hipótesis donde se afirma que erradicamos una gran parte de seres humanos hace 45,000 años. Como justificación, se han descubierto fósiles de seres similares al homo sapiens: los Homo Neanderthalensis, Homo Erectus, Homo Rudolfensis, Homo Georgicus… ¿por qué sólo el Homo Sapiens sobrevivió? ¿Será que el primer genocidio se cometió hace miles de años y el resultado del más reciente sea un atavismo que lo justifica nuestra biología? No tenemos forma de saberlo aunque se dice popularmente que la historia suele repetirse:

Han habido acontecimientos que encuentran sentido cuando se busca en el origen de los seres humanos. La propia obesidad, que se infiere como un problema moderno, puede ser explicada con la <teoría del tragón>— si se retrocede 45,000 años, a los tiempos del homo sapiens—.
Por aquellos tiempos, los humanos no podían darse el lujo de alimentarse más de la cuenta porque el mejor del bando se quedaba con la comida. De modo que si se encontraban alimentos, se consumían inmediatamente porque tendrían que cederse en caso contrario. Ahora, sin embargo, disponemos de todo y más. Como no nos cuesta obtener el alimento y tenemos el reflejo biológico de nuestros antepasados, nos alimentamos más de la cuenta porque subconscientemente no ‘queremos ceder la comida al mejor del bando’.
Es muy posible, por ende, que nuestros reflejos biológicos hayan inducido a un determinado grupo a cometer un genocidio porque hace 45,000 años tal vez los homosapiens cometieron lo mismo con otras especies humanas… pero no hay forma de saberlo porque la historia es convenientemente ambigua.
Está de moda hablar de la paz y conciencia ambiental en tiempos de desgracia. No obstante, éstas recaen como la amante a la que reaciamente tenemos que visitar cuando nos peleamos con la esposa: está para lo que nos conviene.
Como nos encontramos al borde de la extinción, atisbamos a la paz cuando siempre hemos danzado en destrucción.